martes, 9 de agosto de 2011

¿Derecho, obligación o carga de votar este domingo?

Si bien votar es un derecho que tenemos todos los ciudadanos, en nuestro país, la calidad de electores no responde a una decisión personal y responsable de elegir a quienes nos gobiernan, sino a una obligación legal de rango constitucional desde la reforma de 1994 -ya que fue incluida en el Art37 de la CN-.
Más allá de las innumerables críticas y adhesiones que tiene este rasgo tuitivo que procura evitar el abstencionismo, lo que los argentinos debemos hacer, luego de la reforma señalada a la constitución, y conforme señala nuestra carta magna, es votar a nuestros representantes nacionales, provinciales o municipales, de manera directa e indirecta en algunos casos -por ej. senadores provinciales-.
Por imperio del sistema de balotaje podemos tener que votar dos veces en las elecciones nacionales -y en algunas provinciales que lo han incorporado-.
A esto se ha sumado en los últimos años, la modalidad de elecciones fraccionadas o divididas -en general por cuestiones de neto corte político- que nos obliga a concurrir a las urnas dos, tres,  cuatro o más veces, en un mismo año.
El caso paradigmático lo constituyen algunos distritos de la Provincia de Santa Fe, donde se convocaron primero a elecciones municipales; luego a provinciales con doble voto por sistema de balotaje, e igual modalidad se aplica a las nacionales que se llevarán a cabo en fechas distintas de las dos anteriores.
A esto se suma que en el año 2009, por ley del congreso nacional, reglamentada por el P.E. se dispuso además la convocatoria a elecciones internas abiertas, simultáneas y obligatorias para todo el país, para los cargos de Presidente-Vice y diputados nacionales por las distintas circunscripciones electorales en las que se encuentran divididas las provincias.
La mayoría de la población no tiene idea hoy en día qué es lo que se vota en cada elección y la importancia o finalidad de tienen cada emisión de sufragios.
Las minorías además, compartimos la sensación de la inutilidad de nuestro voto: en las internas, porque los partidos en su mayoría se presentan con un sólo candidato para los cargos ejecutivos y en las generales porque determinadas zonas del país, con gran número de electores, señalan el resultado.
Creo que no nos debemos dejar abatir por esta creencia.
El voto en las internas abiertas no tiene que responder al castigo de personajes determinados o a la adhesión absoluta al madero que va a evitar que nos ahoguemos.
Debemos votar por aquellos partidos y candidatos por quienes nos sintamos representados.
La atomicidad del resultado del domingo no perjudica ni al oficialismo ni a la oposición, y permite un sistema democrático abierto donde cada uno manifieste su elección.
En las generales de octubre podemos tomar dos posiciones: volver a evaluar en voto de acuerdo a la representatividad de nuestros ideales o simplemente realizar un voto castigo -incorporando la boleta del segundo más votado o aquel que tenga menos chances de ser electo-.
Finalmente, y en caso del por muchos deseado balotaje, el voto deberá representar la adhesión o la condena, a un partido o sus representantes.
Para terminar, corresponde hacer una reflexión sobre el voto en blanco o voto anulado como opción.
Desde ya adelanto que estoy totalmente en contra de esta modalidad, porque más allá de las críticas que podamos hacer al sistema eleccionario actual; a los partidos políticos o a los candidatos, el régimen representativo y republicano de gobierno implica el derecho a elegir, y todo derecho debe ser ejercicio con responsabilidad. Si no me gusta el sistema, intento cambiarlo; si no estoy de acuerdo con los partidos políticos, procuro la existencia de nuevas opciones; si no me gustan los candidatos del partido con el que simpatizo, procuro participar para su cambio, pero jamás me "lavo las manos".
Creo que es irreal la frase que expresa "que cada pueblo tiene el gobierno que se merece", pero cada día estoy más convencida de que cada uno de nosotros tiene los gobernantes que está dispuesto a soportar.


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